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LA NATACIÓN Y EL MITO DE QUE TODO LO CURA

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Con el auge del running en los últimos años (intentaré más adelante escribir mi opinión al respecto en otro post),el mito de la natación ya no está tan a la orden del día aunque desde el punto de vista terapéutico sigue pisando fuerte con esa frase típica de: “me duele la espalda”, “pues haz natación”.

Justamente escribo este post porque la natación para mi es uno de los deportes más completos, he dedicado muchos años a la enseñanza de la misma y echo en falta actualmente entrenar a alguien en este campo pero creo que hay que llamar a las cosas por su nombre y aunque la natación en sí no es un deporte que atraiga a las masas, ya sea de forma profesional o de forma amateur (lástima porque aporta mucho tanto en el aspecto físico como en el psíquico), bien es cierto que forma parte de uno de los deportes de moda, el triatlón.

Para mi, y para muchos otros, el deporte puede definirse como salud o como rendimiento y creo que es algo muy importante a tener en cuenta pues la orientación y por tanto los objetivos y la planificación en cada uno de ellos es muy distinta.

Si nos vamos al ámbito de la salud cuando nos recomiendan hacer natación porque padecemos alguna dolencia, ¿pensamos que la natación es el gran milagro? Como profesional os diré que sí, que tiene muchas cualidades que la hacen idónea para poder ayudarnos a recuperar una lesión, a seguir practicando actividad física cuando no tenemos otras opciones fuera del agua pero la gran pregunta sería ¿y si no sabemos nadar, qué ocurre? Para mí es aquí donde se cae el gran mito. Siempre he pensado que es más perjudicial ir a andar sin saber que no nadar. Para empezar, la natación se practica en un medio que no es el habitual del ser humano, el agua, por lo que ya debe haber una adaptación al mismo. Si se consigue superar esta fase (no tener miedo, flotar, controlar la respiración) entramos en terreno peligroso y es que se empieza a nadar. La natación en sí tiene cuatro estilos y normalmente en el ámbito de la salud se recomienda la espalda y el crawl pero aunque sean los menos lesivos también tienen su técnica y no conocerla es la que puede hacer que sea perjudicial nadar (los más resentidos serían el cuello, los hombros y quizá las rodillas si la patada no es lo suficientemente correcta).

En el ámbito del rendimiento existen los mismos problemas pero además añadimos el factor entrenamiento (frecuencia semanal, carga, continuo, interválico…) donde la técnica sería mucho más importante, ya no por eficiencia del propio rendimiento sino para evitar lesiones. Si pensamos en la natación como tal se incluirían los estilos de braza y mariposa mucho más agresivos si no se trabajan con la técnica correcta y si pensamos en el triatlón habría que tener en cuenta cómo entrenar en la piscina para hacer una transferencia a as aguas abiertas y cuando trabajar en ellas. Además del trabajo de fuerza que debe hacerse en gimnasio para conseguir que el cuerpo pueda ser aún más eficiente.

Siguiendo en mi línea de pensamiento de dejar trabajar a los profesionales, espero haber hecho reflexionar sobre dos puntos clave: por un lado, que el deporte no es bueno por definición sino que somos los profesionales los que podemos conseguir que sea saludable controlando las variables que intervienen y por otro, que el deporte rendimiento o de competición aunque sea a una escala amateur lleva al cuerpo a extremos que si no controla un profesional puede ser perjudicial, pues practicar un deporte no implica hacer sólo ese deporte hay que añadir otras disciplinas que ayuden a mejorar en el mismo.